Recuerdos de Mezcala

Recuerdos de Mezcala

Estas memórias tienen todo que ver con los cinco sentidos. Por ejemplo, el olor
del verde zacate del potrero. El aire tan limpio, tan fresco, casi dulce. El sabor
del agua, traída desde el poso, casi dulce, como el aire. Recuerdo el sonido de
las lluvias que llegaban rápidamente, y que rápidamente se iban.

Recuerdo al paletero que salía cada tarde, gritando “¿Cuantas paletas?
¿Cuantas, cuantas?” Las campanas del templo que anunciaban la hora. Los
cuetes y las bandas que se anunciaban cada año para las fiestas de Agosto. El
sonido metálico de la puerta de la calle en la casa de mis abuelos. Las voces
de los vecinos que entraban, casi siempre sin tocar, diciendo “¡Buenos días!”
o “’Tardes…” y, muy de vez en cuando, “Buenas noches.”

Recuerdo el sonido de la risa de mi Papá Cacho, llena de travesuras y sabiduría.
Y a Doña Chepa, que seguido venía a la casa a cortar guayabas. Y a Don
José Gregorio, que todos los días pasaba, serio y digno, montado en su
burro. “Buenos días, mi’ija,” me decía al pasar, y yo me sentía muy importante.

Recuerdo el sonido de la nica sobre el mosaico del piso. Y la sensación de ese
mismo piso, frío bajo mis pies. Recuerdo las noches que se sentaban a platicar
los adultos en el patio, con tazas de té de naranja. Yo me sentaba con todos. Me
encantaba escucharlos. Cada persona tenía su forma de contar una historia.
Recuerdo los grillos. Los gallos. Las vacas que ordeñábamos. La caña que nos
comíamos. Recuerdo que caminaba por las calles empedradas y cada cuando
alguien me decía, “Tú eres la hija de Ramón, ¿verdad, mi’ija? Te pareces mucho
a tu mami.”

Recuerdo un gran sentido de libertad. Allí podía jugar todo el día sin tener que
reportarme. Podía ir a donde quería, jugar con cualquier chiquilla en cualquier
casa. Me imaginaba yo que era la protagonista de un libro divertido, más o
menos la versión femenina de Tom Sawyer o Huckleberry Finn.

No deseo, con todo esto, romantizar al pueblo de Mezcala. No me interesa pintar
una escena sin defecto. Simplemente, estas son mis memorias favoritas de ese
lugar en esos tiempos. Con cada año que pasa, veo más claramente que mucho
de la mujer que ahora soy, tiene que ver con lo que recuerdo de Mezcala.